Difamación 3: El canon bíblico establecido en el Concilio de Nicea


Esta es la verdadera madre de todas las mentiras. No hay absolutamente ningún registro histórico que mencione si acaso sobre alguna discusión sobre el canon bíblico en el Concilio de Nicea. La cuestión fundamental por la que se reunieron los obispos fue para tratar el asunto de la Santa Trinidad, asunto que siguió discutiéndose álgidamente durante cientos de años más (véase arrianistas).

De hecho, el Canon de Muratori, la copia más antigua que se dispone hoy día de una lista de los libros del Nuevo Testamento, está fechado en el año 170 (155 años antes del Concilio de Nicea). La lista contiene los mismos libros que hoy conforman el Nuevo Testamento. Todos los historiadores y expertos en el tema, seculares y no seculares (con la excepción única del elucubrador y sensacionalista Dan Brown, autor del Código da Vinci), concuerdan en que el Canon de Muratori es auténtico y que además el canon bíblico había sido adoptado muchísimo tiempo antes.

Los libros que se establecieron en el canon bíblico fueron simplemente aquellos escritos y aprobados por los apóstoles poco tiempo después de la muerte de Jesús, y que habían sido aceptados espontáneamente por la generalidad de las iglesias. Si algunos no fueron incluidos para el canon del año 170, es simplemente porque estos no eran reconocidos por las distintas iglesias.

Los textos extracanónicos existen porque nadie tenía el monopolio sobre relato de la vida de Jesús. Cualquiera podía escribir sobre el, por la sencilla razón de que Jesús fue un personaje histórico real que tuvo mucho impacto y que vivió en Galilea y Judea entre alrededor de los años 3 AC y 30 DC (según el 99 % de los historiadores y eruditos seculares R1, R2). Así como existen muchas otras referencias y relatos de otros personajes históricos, así también lo existen sobre Jesús. Si el famoso historiador del primer siglo, Tito Flavio Josefo, quien menciona a Jesús en sus escritos, hubiera atestiguado y descrito milagros realizados por este; no hubiera sido considerado como historiador, sino como otro autor de apócrifos. Dicho sea de paso, todos los evangelios apócrifos muestran a Jesús como un ser divino (al contrario de lo que dice Dan Brown). Los códices de Nag Hammadi, no relatan nada sobre la vida o predicación de Jesús (qué hizo, lugares que visitó, etc.), simplemente son una colección de supuestos dichos de este (la mitad de ellos presentes en los canónicos y el resto de poca relevancia para la fe), pero quienes los escribieron y ocultaban muy celosamente: los Gnósticos; porque según ellos solo una minoría muy ilustrada y estudiada podía interpretar el significado de sus misteriosos mensajes; estos no creían siquiera que Jesús alguna vez fue humano, sino que siempre fue un espíritu que tenía una forma humana.

Según la película Estigmata, el “Evangelio de Tomás”, contenido en el códice de Nag Hammadi, se dice que Jesús dijo que: “El reino de Dios está dentro de ti, y alrededor de ti, no en mansiones de madera y piedra”. Lo primero es que eso no es lo que dice, sino: “El reino de Dios está dentro de ti y fuera de ti” (dicho 3) pero sin el “no en mansiones de madera y piedra”. Ninguno de los 114 dichos habla acerca de eso. Esa parte fue inventada por la película.

Lo segundo es que, por qué quejarse de que el “Evangelio de Tomás” no fuera incluido en el canon, si este mismo dice en su introducción que eran dichos “secretos” de Jesús, es decir, que no debían difundirse al público. Todo no es nada más que parte de la filosofía de vida de los Gnósticos, obsesionados siempre con las intrigas, elucubraciones, misterios, conspiraciones y secretos.

El establecimiento oficial del canon bíblico se vino a realizar fue en el Concilio de Hipona en el año 393, concilio que estuvo bajo la dirección de San Agustín, teólogo, filósofo y obispo de Hippo Regius, hoy Annaba, en Algeria.